Mi travesía por el desierto se antoja difícil. Desierto de objetivos, desierto de personas que valgan una parada, desierto de casas que puedan acogerte con amabilidad porque están solamente superviviendo como lo haces tú. Solo lleno de verdaderos puñados de arena levantados por el viento, arrojados a los ojos cansados, secos, afectados de tracoma. La misma maldita tracoma que hace que por las mañanas no puedas abrir los ojos, la misma que ha dejado a una mitad de tu pueblo ciega.
Se antojan en las sombras que arrojan las dunas animales mitológicos, monstruos, grifos, hidras y dragones como los que describía Isidoro de Sevilla en sus Etimologías, los que recuerdas en clases aburridas teñidas de un halo de polvo y ácaros escondidos. Malditas alucinaciones, aunque el entorno y la temperatura hace que el fuego de los dragones se haga casi real.Palpita en mis tímpanos el calor de la arena, músicas de otro tiempo en el que estaba mejor rodeado. Y ahí... a lo lejos parece intuirse la copa de una palmera. Y decido correr desesperado para cumplir el estereotipo del perdido por el desierto... ¿para qué vamos a guardar la compostura en el culo del mundo?
Cuando cesé mi carrera, es porque me dí cuenta que era solo un maldito espejismo... Todavía me quedan muchos kilómetros según este mapa bereber que deja mucho que desear. A seguir hacia delante... que hoy, pese a todo, puede ser un gran día.
1 Callejeros:
Evolucionas. Me gusta. Gracias por descubrirme la palabra "tracoma".
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